Esta vez sale más tarde. Era necesario procesar el partido más alocado del Mundial más alocado, el subibaja emocional que significó estar tres veces en ventaja contra un seleccionado ignoto hasta hace dos meses. Supuestamente se sufría así sólo en una final. Cabo Verde empataba con la facilidad de Mbappé en 2022. El premio fue desproporcionado. Por eso las caras de alivio, no de felicidad. El fútbol se juega con la cabeza. La selección tendrá carácter y bravura, pero no es inmune a sentir la cercanía del papelón. Que no debería ser tal porque no hay rival fácil, está prohibido subestimar y bla. Pero existe.
Un día prescindieron de Lisandro Martínez por su altura. Lo hubiesen probado de 5. O de 10. Hubiesen evitado el reproche eterno. Y la sospecha. Messi transforma un gran pase en una recordada asistencia. Pero es el Mundial de las figuras: Leo, Kylian, Harry, Vini, Erling y claro, Vozinha. En algún momento se perdió el sentido de credulidad: incluso el árbitro permitió que Sidny Cabral festejara su extraordinario gol como si el partido hubiera concluido. Y si algo no sucedía era que el partido llegaba a su fin. Cabo Verde tuvo más chances de 3-3 que de 1-1 y 2-2.
Pasó Egipto y Argentina, si mejorara, tendría que ganarle. Ganó Colombia y colectivamente parece el mejor de todos los que transitan esa parte del cuadro. Elrestopuedeesperar reflexiona sobre casi todos los partidos. Pero el 3 de julio fue distinto. No cabe más que una frase para lo que no haya sido la selección, que condensó todos los sentimientos posibles en 120 minutos (¿o fueron 9 meses?): expectativa, incertidumbre, tranquilidad, sorpresa, admiración, temor, explosión, pánico, relajación. Y dolores musculares. Los más importantes son los de ellos. La cancha era un tendal. Victoria pírrica: cuando sus griegos les ganaron a los romanos, Pirro de Epiro dijo «otra victoria como esta y perderemos». Scaloni fue en la misma línea: «Siempre soy desconfiado». Que no parezca un reproche. Gratitud para siempre. Apenas una idea que sabemos todos: para ser campeón, hay que mejorar.