¿Argentofobia en todo el mundo? No es para tanto.
Habrá que medir la conveniencia de hacer de esta semifinal algo más que un partido. El carácter es una virtud de este equipo. Pero no puede precisarse qué le generará tanta carga extra: si sacará el plus que necesita para lo que le falta en el juego o si puede llegar a sobregirarse. Claro, más allá de lo que podamos teorizar para bajarle la tensión, el morbo se cuenta solo. Scaloni dijo, con la prudencia que lo caracteriza, que se trata de sólo un partido de fútbol. Sabrá él si cuando se juntó con su cuerpo técnico luego de la conferencia de prensa, sus ayudantes le dijeron “bien Leo, es el camino” o un tal vez más sincero “hiciste lo que pudiste, aunque no te lo creas ni vos”.
Inglaterra siempre estuvo presente en el fútbol argentino. En el pasado, dejó la semilla del juego. Ezequiel Fernández Moores hizo una diferenciación interesante: “Los ingleses, inventores del fútbol, disciplinaron el juego en sus escuelas de élite. Había que ir a la escuela para aprenderlo. Todo lo contrario de la Argentina, donde había que faltar a la escuela para aprender a jugar al fútbol en el potrero”.
Todo pudo haber comenzado con las Invasiones, pero en realidad se activó para siempre con la guerra, claro. Casi medio siglo y dos generaciones después, no se puede seguir partiendo desde semejante hecho doloroso en la previa de un partido. En México la herida estaba abierta. Bilardo y Diego decían lo mismo que dijo Scaloni, que estaban para allí sólo para jugar al fútbol, pero en la intimidad lo sentían especial. La diferencia, afortunadamente para no provocar más tensión de la recomendable, es que hoy nadie va a hablar de Malvinas en el vestuario. Pero todo se actualiza con el cancionero: hay un tema para que los pibes de hoy hablen de los otros pibes, “los de Malvinas que jamás olvidaré”. Aunque sea sólo por seguir el folclore, la cuestión sobrevuela. En esa guerra desigual y aquellos ataques traicioneros estuvo el germen. Pasó tiempo. Aun sabiendo que nada puede hacer el fútbol con temas tan trascendentales, nunca nadie lo pudo despegar.
“El que no salta” sigue siendo un inglés. Suena como una referencia de identidad. Se podría haber cambiado el primer verso para encontrar otra rima y variar el destinatario. Pero no. Son cosas distintas. Brasil es el clásico. Inglaterra es el rival.