El centro de prensa recuerda lo lindo que fue el camino.
«No hay un país europeo más argentinizado futbolísticamente que España», escribe Ladislao Mouriño en El País. Su experiencia le permite recordar que la antinomia bilardismo-menottismo fue exportada por el periodismo español desde nuestras tierras. Incluso cuenta que empezaron a usar términos como «canchero», «gambeta» y hasta «partido de hacha y tiza» porque nos escuchaban o nos leían. Sorprende porque en los últimos años fue al revés: «vascular» y «sala de máquinas» llegaron desde España (más allá de que nunca se instalaron en el lenguaje popular futbolero argentino).
España exporta entrenadores; Argentina, como toda la vida, jugadores. España enseña su conocimiento; Argentina, como siempre, técnica y su corazón. Hay dos clubes españoles muy grandes: al Real Madrid lo hizo inmenso Alfredo Di Stéfano, al Barcelona lo hizo histórico Lionel Messi.
La conexión es de toda la vida. Como con Inglaterra, pero mejor, pacífica. La dañó recientemente la era viral. La búsqueda de reproducciones lleva a que a la distancia se tire un dardo sabiendo que vale lo mismo un play cercano o del otro lado del océano. El aleteo de una mariposa en Madrid puede provocar un tornado (en redes y medios) de este lado del mundo. Sugerencia: estemos más pendientes de nuestros debates que de El Chiringuito.
Entre los técnicos hay relación y consideración. Luis de la Fuente fue maestro de Scaloni, que no pierde la oportunidad de demostrar lo mucho que lo valora. Hace casi 20 años, Barcelona y Unicef armaban un calendario a beneficio; cada mes, una foto distinta entre un jugador del club y un niño de la zona que necesitara protección. Cuando recientemente se reeditó aquella imagen, pareció trucada: ¿tanto destino junto? No hay manera de no ver la foto entre el joven Messi y el bebé Yamal como un pase de testimonio a futuro, una manera de trasladarle el trono, consagrarlo. «Lo de la foto con Lamine es una locura», dijo Leo con su forma tan simple de describir las cosas.
A España le incomoda el partido friccionado. Uruguay, aun sin saber el término medio, lo demostró. A la selección argentina le gusta el terreno del partido caliente. En la previa, falta bronca para generar un trámite así. Inglaterra no era un rival más, no era sólo un partido de fútbol. Ahora habrá que encender la chispa de otra forma. Todo puede compensarse con la motivación. El que ya ganó sabe de qué se trata. Sin una causa abierta, la posible consecuencia se impone. Lo que espera es la gloria.
