La primera decepción del Mundial: atravesar parte de Estados Unidos pero sin tocar la ruta 66. Durante el Mundial cumpliría 100 años, la ruta. Pero ya hace cuatro décadas sirve más de recuerdo de otros tiempos, obviamente mercantilizado con negocios de época, que del atajo por el que se podía cruzar un país que parece un continente. La ruta 66 se meneaba, como cantaba Pappo que en realidad traducía lo que había cantado originalmente el jazzero Bobby Troup, de Chicago hasta Los Angeles: 3900 kilómetros de longitud, 100 más que el largo de la Argentina.
Sin contacto con la ruta 66, entonces, pero con el provecho de las autopistas que la reemplazaron, el destino fue la ciudad del primer amistoso del seleccionado. Situarlo en Texas es un tanto impreciso: Texas no sólo es un estado sino que es el segundo más poblado de los cincuenta. En Texas viven 30 millones de personas distribuidos en 254 condados. En uno de ellos, el condado de Brazos, está la ciudad College Station, que se caracteriza casi fundamentalmente por la Universidad de Texas A&M (las siglas de Agricultura y Mecánica), la sexta más concurrida del país; el equipo de fútbol americano de dicha universidad y el estadio Kyle Field, inaugurado en 1927 y con capacidad para 102 mil personas, el cuarto más grande de fútbol americano. Se llenará sólo si la ciudad entera acude a ver el partido. La universidad, enorme, linda con el estadio, monstruoso. Y alrededor, parque, mucho parque. Porque no hace falta encimar la infraestructura en un país de casi 10 millones de kilómetros cuadrados.

Será el Mundial de los números. En Estados Unidos todo se cuantifica. El Mundial de los cuatro husos horarios después del que se jugó prácticamente en una ciudad. Maslatón se subía al subte y veía tres partidos por día. Acá, desconfíen si ponchan a Infantino en dos transmisiones en una jornada. El presidente de la FIFA, o el canciller del mundo, también cuantifica todo. Sus números son otros. No necesitó chequear el dato que arrojó Bloomberg en octubre: la cantidad de millonarios en Estados Unidos llegó a 24 millones, uno de cada cuatro hogares. Parece que tienen problemas de liquidez, pero para una entrada de un partido de fútbol les sobra. Infantino planeó llenar los estadios con ellos.
El número del que se ocupó la selección argentina en la previa del Mundial fue el de la cantidad de lesionados. Una decena es demasiado. En la conferencia, Scaloni dijo que ninguno de los 26 vino de relleno. Todavía no se había lesionado Balerdi. Anunció que en los amistosos atajarán todos, incluido Beltrán, menos Dibu. Conto que le mandó un WhatsApp a Messi para preguntarle qué iba a hacer de cara al Mundial y que el capitán le respondió que estaba esperando la convocatoria para saber si estaba incluido. El técnico también dijo que, en un contexto de vértigo, Argentina es un seleccionado asociativo. Esto no lo dijo, pero se trata de un equipo lujoso, no vulgar. Como quien en estas horas causó tristeza desde el lejano Parque Leloir, es refinado y masivo. Elaborado y popular. La selección arranca su misión. Para volver a sacar la tribu a la calle. Jugar sólo cuesta juego.

Muy buen comienzo!!! Mejor futuro!!!