Serán rivales en todos los torneos importantes que se jueguen en los próximos 10 años.
La historia se presenta con todo su peso en las semifinales. Dallas albergará la primera de las dos, una actualización mundialista del choque de seleccionados que vienen definiendo torneos muy seguido, ya que la UEFA contiene Eurocopa y Liga de Naciones, y como son absolutas potencias continentales, seguirán retándose a duelo en los tiempos que vengan próximamente.
Unos se pasan la pelota, los otros quieren correr. Control versus estampidas. Pausa contra aceleración. España contra Francia. Y la política absurdamente involucrada. Mariano Rajoy, expresidente español, escribió en su columna en el sitio El Debate: “Francia tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”. Pedro Sánchez, el presidente actual, llevó el debate a su molino: “Hay quien todavía mide la pertenencia por el apellido, el lugar de nacimiento o el color de piel. Otros la medimos por el arraigo a un país y la voluntad de contribuir a él. Jugando al fútbol. Cuidando a nuestros mayores. O abriendo negocios. España es de quien la ama y la trabaja. No de quien la avergüenza con declaraciones xenófobas. Francia, nos vemos en semifinales. Que gane el mejor y que pierda el racismo”. Hace más de cuarenta años, España había expulsado a miles de familias de su geografía. Dos jugadores de Francia en el plantel de 1984 llegaron por aquella emigración: Luis Fernández había nacido en Cádiz y los padres de Manuel Amorós eran españoles. Esa Francia fue la que ganó el primer título de su historia, la Eurocopa de aquel año. Faltarían décadas para que volviera a ser potencia y, también, para que España dejara de ser La Furia.
Rajoy le erró en lo conceptual y en lo literal: sólo 3 de los 26 jugadores de Francia no nacieron en el país. Obvio, con la descendencia propia del multiculturalismo reinante. Las figuras lo demuestran. Kylian Mbappé es hijo de padre camerunés y madre argelina. Del otro lado, Lamine Yamal lleva presente sus raíces en los botines: allí se ven la bandera de Guinea Ecuatorial, donde nació su madre, y la de Marruecos, el país de su padre. Lo describe Juan Irigoyen en el libro Universo Yamal: «Messi ha sido hijo de su padre. No procedía de un entorno nada marginal. A los 26 años declaró que su padre era quien le llevaba todo; a Lamine lo veo más bien como Maradona; ambos son hijos de la marginalidad, han tenido que hacer de padre de sus padres desde pequeños». Ya es conocido el padre de Lamine, Mounir Nasraoui. Se muestra en entrevistas, tiene perfil alto y hasta seudónimo (Hustle Hard), incluso exhibió su colección de ciento treinta pares de zapatillas. Lamine heredó algo de histrionismo, siempre profesional aunque lo acusen de otra cosa. «En esta época hay que tener confianza; si no pueden acabar con uno», dijo antes del Mundial. «Nos vemos como candidatos», afirmó de cara a la semi. Mbappé se le parece. Como con Sinner y Alcaraz en el tenis, se sabe que serán el clásico del fútbol mundial de los próximos años. A nivel España y Europa, Yamal gana 5-0. El de hoy puede compensar todo.