Así en el Atlanta Stadium como en el Lusail (II).
Y Messi festejó como nunca. O como un par de veces: como en el Maracaná y en el Lusail. El que había dicho que ya estaba. Y no estaba nada. No está nada.
Es un seleccionado que hace reír y hace llorar. Una y otra vez, cuando creemos que no hay nada, vuelve a haber algo. Hubo un punto en común entre los millones que lo vieron a la distancia y los que lo jugaron adentro: la explosión en el final, el llanto en el festejo. La selección más emocional lo hizo de nuevo.
Estamos viendo pasar la historia delante de nuestros ojos.
Al equipo lo lidera el que desafía al tiempo, el que quiere ganarle al único invencible de todos. Messi contra el tiempo parecía una lucha desigual. No sabemos quién va a ganar el Mundial, sí sabemos que a aquel Messi ya le ganó.
Inglaterra era un gran rival. Pero como símbolo del partido, Harry Kane casi no tocó la pelota. Frente a Argentina, Inglaterra se rindió.
La selección a la final. Con temperamento y con corazón. Pero ya sabíamos en la previa que con sin eso no se podría y que sólo con eso no alcanzaría. Ahora afirmamos, con el 2-1 puesto en la chapa, que como no alcanzaba le agregó algo fundamental: calidad. Inglaterra lo inventó, Argentina lo actualizó.
Fútbol de nuestras vidas, te queremos tanto que nos hacés acordar cuánto queremos al país.
