La imagen del Mundial. Por ahora.
Disgustado por la actuación arbitral, el técnico egipcio Hossam Hassan adelantó que no mirará más el Mundial. Al número final no lo altera demasiado. Según cálculos pocos precisos, habrá alrededor de mil quinientos millones de personas que sí sintonizarán la final. Hasta el error forzado por Donald Trump con la no sanción a Folarin Balogun, a Gianni Infantino todo le salía bien: algunas selecciones que entraron por la ventana de los 48 clasificados dieron pelea, las figuras con las que la actividad se vende sola están rejuvenecidas o explosivas y hubo partidos que, sobre todo por un final cambiante, resultaron memorables. El último fue Argentina-Egipto, ya guardado en el Salón de la Fama del seleccionado tricampeón.
Un ingeniero de Silicon Valley, Deedy Das, se tomó más que unos minutos para armar una base de datos de 50 mil partidos. Notó que en 10.138 de ellos un equipo estaba ganando 2-0 faltando 11 minutos; apenas 16 equipos dieron vuelta el resultado. En el Super Bowl de 2017, los Atlanta Falcons les ganaban 28-3 a los New England Patriots. Tom Brady era la figura de los Patriots, que remontaron increíblemente el resultado hasta un 34-28 final. Nueve años después, Brady ubicó en sus redes a este 3-2 por encima de aquella inolvidable final.
El día después de la clasificación argentina, además del primer vacío de partidos, sirvió de revisión de todo tipo de videos de la tarde alocada: el profesor que arengó a que los chicos corearan “uno más” hasta que Enzo Fernández convirtió de cabeza, los que siguieron el partido en un avión prendidos de a varios a una computadora, el colectivero que frenó para abrazarse a un par de pasajeros con el tercer gol. Sin drama y tensión, parece que no vale.
En Canadá, dicen, el Mundial empieza a desaparecer. En México, todavía duele, más allá de la satisfacción por el nivel. En Estados Unidos, depende de la ciudad. Kansas City se prepara con la selección, que se enfoca en Suiza, el equipo del entrenador Murat Yakin, con su onda de profesor en Puán, y de un arco más chico que la mayoría (tres goles en contra en cinco partidos). También ellos sufrieron para llegar. Los penales les agregan nervios, esperanza y desolación a los partidos de bajo vuelo. Quedan dos días enteros para recargar la batería del drama. Después de ganar la final más emotiva de la historia de los mundiales, Argentina aspira a ganar el Mundial más emotivo de la historia.