La sombra que proyectaba Alemania no era la de un gigante.
Difícilmente sea el Mundial mejor jugado. Hoy cuesta encontrar equipos vistosos, se neutraliza mejor y la tendencia es la paridad. Pero probablemente se transforme en uno de los más emotivos. Así estuvo concebido, con la clasificación inédita de cuatro seleccionados, dos regresos tras 52 años y tres después de 28. En ese subibaja de emociones, hay que esperar hasta el final. El impaciente no tiene premio. En el descuento Brasil se recibió de candidato. Perdía porque Japón tiene el chip del equipo que sabe explotar un error. Lo empató porque se lo llevó puesto. Y lo dio vuelta porque a Gabriel Martinelli le quedó una clara en el descuento. Carácter, rato de fútbol y perseverancia. No se puede asegurar que Brasil haya vuelto a ser Brasil, pero Ancelotti ya es Ancelotti.
El segundo turno fue épico. Un partido a la altura de Gustavo Alfaro, para quien sin poesía no vale. Diría luego que las franjas de la camiseta de Paraguay son blancas y del color de la tierra colorada donde los futbolistas jugaban descalzos. Se supera. Su Paraguay defendió 136 minutos y Alemania tiró más de cincuenta centros. Así empató y así pudo haberlo ganado pero el VAR encontró (bien) un foul al arquero. La resistencia guaraní tomó forma de hazaña donde las jerarquías se emparejan.
Antes de patear, Alemania tenía el 94% de efectividad en los penales en definiciones mundialistas y sus rivales apenas llegaban al 55%. Se podría decir que Orlando Gill fue Chilavert. Pero en la selección paraguaya nadie quiere que lo comparen con Chilavert, que dijo que Gill es “mudo” y trató de mentiroso a Alfaro, quien lo invitó a merendar para darle consejos a su émulo. Paraguay estuvo dos penales arriba; si se estiraba, tocaba el cielo. Pero se le vino todo abajo. El drama llegó a su pico. Y se dio un pero más: Tah la tiró justamente al cielo y José Canale, que una noche hizo un gol inolvidable en el Maracaná, esta tarde pateó con los recuerdos de su vida en Boston.
Ya no habrá partidos en Monterrey, que estiró hasta lo último la despedida. Países Bajos no pierde en mundiales; sin embargo, no avanza. Menos por penales. Tiene el invicto más largo en la historia de la competición, con 16. Ganaba por un resorte más del Mundial emotivo: Cody Gapko, cuya pareja había perdido un hijo en la semana, convirtió y se quebró. Pero en el último centro Issa Diop empató. Todo al límite, un Mundial alocado. Cerca de las 5 de la madrugada en Marruecos, Bono le atajó el penal a Crysencio Summerville dando saltos hacia su derecha, como si fuera el padre con el hijo en la plaza, y enseguida Ismael Saibari terminó el suspenso. Marruecos se clasificó a octavos, con argumentos para soñar. El segundo día de instancias decisivas del Mundial dejó la vara muy alta. Si esto sigue más o menos así, será tremendo el vacío después de la final.