Impacta la intensidad de Estados Unidos, el segundo clasificado a 16avos. De la misma manera que en el debut, abrió el resultado con un gol en contra. Será que los rivales defienden abrumados (además de que Cameron Burgess no tiene mucha técnica). Australia no tiene creatividad. Su deporte es otro. La tira para arriba y a cargar. Mejoró en el complemento cuando el técnico puso a los que habían hecho los goles en el debut, increíblemente en el banco, y sacó al que hizo el gol en contra en este. Con mejores cartas, igualmente no le dio ni para el envido.
Ismael Saibari nació en España, se fue de chico a Bélgica, pasó por clubes holandeses y ahora lo hará en el Bayern Munich, que lo pagó 55 millones de euros; ya vale más: su gol al minuto encaminó a Marruecos. Era un partido de dos que juegan con pasión, pero a Escocia le falta técnica. Marruecos cambió técnico desde el Mundial pasado. Con Walid Regragui, armaba un muro. Con Mohamed Ouahbi, el campeón mundial sub 20 el año pasado, dio el paso adelante. Cuando ataca, lo hace mejor. Cuando defiende sufre más que antes. No es candidato, pero sí animador.
Brasil volvió a demostrar que tiene buenos delanteros y quiso demostrar que el grupo no tiene grietas. Matheus Cunha, el que entró por Igor Thiago, hizo lo que no hizo el anterior, un gol de 9, y lo que este no podría hacer. El primero en abrazarlo en el festejo fue Igor: que se note la unidad. Neymar lleva más de un mes lesionado, por lo que tienen que compensar su falta de fútbol. De a ratos lo hicieron, aunque el rival dimensiona el triunfo: Haití ya sabe que vuelve en una semana.
También lo sabe Turquía, y en su caso fue fracaso. La regla Prestianni tiene su lado absurdo: se pena más fuerte al que se tapa la boca sin que se sepa qué dijo que al que pudo haberle dicho algo desubicado al rival fuera del alcance del árbitro. Fue insólito igualmente que Miguel Almirón cayera en lo prohibido: ¿faltó a la clase en la que explicaban las nuevas reglas? Hasta ese momento Paraguay simplemente defendía el gol inicial de Galarza Fonda. Desde allí, lo resistió. En el momento en que San Lorenzo publicaba su pasivo, Orlando Gill pasó a costar un par de millones de dólares más. La raza guaraní, diría el goleador. Sin sufrimiento no vale, y todos los lugares comunes que sí valgan. Gustavo Alfaro se arremangaba. No está claro el epílogo, pero ya está escrito el capítulo de la épica.
