Nada es chico en el Dallas Stadium.
Hasta hace un par de días, la camiseta de Argentina con el 10 en el pecho y en la espalda era la prenda más utilizada en las ciudades mundialistas. En Dallas la imagen no cambió, pero sí quienes las usan: ahora son compatriotas. Se advierte porque vienen acompañados de una pregunta: ¿sabés cómo puedo conseguir una entrada para comprar? La plataforma de reventa de la FIFA se maneja con el sistema de, ante menor demanda haya de entradas, menor será el precio. Ya es imposible que bajen. Todos las quieren, pocos las ponen a disposición. El mejor equipo del mundo juega en el estadio del club más valioso del mundo, que en realidad es una franquicia: los Dallas Cowboys de la NFL. La pantalla de 50 metros que se eleva sobre el campo de juego dirá que todo está colmado y contará 70.389 personas: los no argentinos hinchas, los nuestros previsores y los nuestros endeudados.
Cuando España hace lo que sabe, juega muy bien. Cuando además lo dejan, golea. Rodri y Pedri saben todo, el ritmo de Dani Olmo era necesario, los laterales se muestran como wines. Arabia Saudita lo dejó; cuando trataban de llegar, la pelota ya no estaba. De un seleccionado molesto y ordenado, España hizo uno apagado y mareado. Yamal hizo el primero de su equipo y de su historia mundialista. Oyarzábal es el goleador que pocos vieron hace años. Borren las dudas que pudieron haber puesto sobre un candidato.
Un tiro libre pésimamente defendido por la barrera había llenado de dudas a Uruguay, que se apuraba y erraba todos los pases determinantes. En esos contextos, los centros suelen ser la evidencia de los nervios. Aun así, le sirvieron dos centros para dar vuelta el resultado. Le faltaba seguir apretando, hacer el tercero y que todos empezáramos a pensar en un choque rioplatense. Pero los horrores no forzados se están llevando puesto a Uruguay. Cabo Verde, mientras, honra al Mundial más largo de la historia.
El domingo también hubo un 0-0. Porque Bélgica juega con lo que fue y sin pasión, mientras que Irán lo hace con pasión pero sabiendo que nunca será. Al Mundial de figuras le faltaba una: Mohamed Salah. Le faltaba básicamente porque su debut había sido la continuidad de su temporada, de discreta para abajo. Pero un tiempo, y un golazo en complicidad con Zico, le bastó para que Egipto fuera el tercer seleccionado en dar vuelta un resultado y se acercara a la clasificación. Con 4 puntos, cualquier selección casi se la asegura. Con 6, saborea el primer puesto. A buscar los 3 que faltan, entonces.