Este Neymar necesita ayuda divina.
No había manera de que no lo convocara. Encima es extranjero. ¿Cómo iba a explicar que en una lista de 26 jugadores no podía haber espacio para un reconocimiento popular? Más aún, ¿cómo un hombre curtido de vestuarios no iba a entender que a veces el juego no es lo trascendental? Al contrario, no sólo lo entiende sino que también lo promueve. A Carletto se le valora la muñeca. Ancelotti, un italiano suelto en Brasil, el que hizo una pausa antes de nombrarlo al oficializar la convocatoria, llamó a Neymar para hacerlo entrar cuando el partido ya no importaba. El juego había dejado de ser trascendente. Un buen equipo se arma con buen clima. Matheus Cunha ya había hecho el gol que se le pide al 9 de Brasil. Cuando salió, se lo vio feliz por quien lo reemplazaba. Volvió Neymar. Explotó el estadio.
A Neymar le falta el título con su selección. Pero en la permanente recuperación de lesiones, logró la empatía a la que otros no podrían aspirar. El Mundial de figuras lo necesitaba. No fue y difícilmente sea el que cree que todavía puede ser. Necesita una pelota parada, señal de que la habilidad sin velocidad es material de archivo. Pero el fútbol es de la gente, que valorará hasta el último día al que generó felicidad.
Brasil ya dejó de carretear. Vinicius vuela. Bruno Guimaraes lo acompaña. Y si en algún momento el rival apura, Alisson los respalda. El panorama que se encontraría desde 16avos es pacífico. A los flojos, les hizo de a 3. El último fue Escocia, que si se clasifica como uno ilbeto el debut. Marruecos sí le hizo 4 a Haití, aunque le faltaron 3 para ser primero.
Murat Yakin entendió que Johan Manzambi nació en otro país pero juega para Suiza. El técnico lo puso de entrada. Y Manzambi sirvió el primero y, ayudado por el arquero rival Maxime Crépeau (ya hay demasiados arqueros culpables), convirtió el segundo. A Canadá se le cayó la sede: si hubiese salido primero, habría jugado en Vancouver. Su gente aplaudía la carga final sin que quedara claro si sabía que estaba quedando segundo. Si hubiese terminado primero, habría descansado tres días más. Se acordó tarde de atacar. En cuanto al rival, no le salió mal: Sudáfrica es el primer clasificado que nadie vio.
México se sabía primero, le agregó la identificación de un público que entendió que se puede. Que se puede por lo menos llegar al quinto partido. Gilberto Mora, el pibe de la gente, encaró y pasó. La próxima fase con partidos en teoría poco convocadores. Pero el Mundial es un éxito. Todavía faltan jugar las potencias, que quede afuera un histórico y seguir viendo a Messi.
A Neymar le falta el título con su selección. Pero en la permanente recuperación de lesiones, logró la empatía a la que otros no podrían aspirar. El Mundial de figuras lo necesitaba. No fue y difícilmente sea el que cree que todavía puede ser. Necesita una pelota parada, señal de que la habilidad sin velocidad es material de archivo. Pero el fútbol es de la gente, que valorará hasta el último día al que generó felicidad.
Brasil ya dejó de carretear. Vinicius vuela. Bruno Guimaraes lo acompaña. Y si en algún momento el rival apura, Alisson los respalda. El panorama que se encontraría desde 16avos es pacífico. A los flojos, les hizo de a 3. El último fue Escocia, que si se clasifica como uno ilbeto el debut. Marruecos sí le hizo 4 a Haití, aunque le faltaron 3 para ser primero.
Murat Yakin entendió que Johan Manzambi nació en otro país pero juega para Suiza. El técnico lo puso de entrada. Y Manzambi sirvió el primero y, ayudado por el arquero rival Maxime Crépeau (ya hay demasiados arqueros culpables), convirtió el segundo. A Canadá se le cayó la sede: si hubiese salido primero, habría jugado en Vancouver. Su gente aplaudía la carga final sin que quedara claro si sabía que estaba quedando segundo. Si hubiese terminado primero, habría descansado tres días más. Se acordó tarde de atacar. En cuanto al rival, no le salió mal: Sudáfrica es el primer clasificado que nadie vio.
México se sabía primero, le agregó la identificación de un público que entendió que se puede. Que se puede por lo menos llegar al quinto partido. Gilberto Mora, el pibe de la gente, encaró y pasó. La próxima fase con partidos en teoría poco convocadores. Pero el Mundial es un éxito. Todavía faltan jugar las potencias, que quede afuera un histórico y seguir viendo a Messi.