El papá de Merino festejó así un gol para el Osasuna en la UEFA hace 37 años. El de Mikel valió un pase a la semi.
En la época de la Furia, los cuartos de final eran el límite para España. No podían cruzar el Rubicón, como hubiese dicho Alejandro Sabella. Incluso Bélgica la había sacado en esa instancia en 1986. Pero este seleccionado de toque, aunque ahora esos pases sean más horizontales que verticales, saltó lo que antes era un problema. Merecido clasificado, por mínimas diferencias en los resultados igual que en 2010.
En el primer tiempo ganaba y buscaba más. Lamine Yamal ponía su habilidad en función del espectáculo. No pasaba nada del otro lado de la mitad de cancha. Pero Pau Cubarsí es un central que juega mejor de lo que marca y de Ketelaere le ganó arriba. En el segundo, cuanto más avanzaban los minutos, uno quería la victoria y el otro, empujar el reloj y llegar al suplementario; quizás, para luego hacerlo mismo y tratar de llegar a los penales.
Los grandes jugadores se arman por dosis iguales de profesionalismo, en cuidado y entrenamiento, y amateurismo, que los hace de lágrima fácil si no pueden estar en la cancha. Como Thibaut Courtois, que se tuvo que ir reemplazado por Senne Lammens. Courtois diría que estaba para seguir, pero su técnico Rudi García consideró que el arquero tenía que estar pleno para sacar largo: extraño, primero el arquero debe atajar. Cerca de la campana, Cubarsí pateó desde afuera, fuerte pero atajable, y Lammens dio un rebote que Mikel Merino, otra vez Merino sobre la hora, puso a España en la semifinal. No le fue bien en Qatar, pero a España siempre que esperarla. A su ritmo, sin que nadie la apure.
El Mundial de algunas sorpresas tiene también sus ratificaciones. Algunos candidatos lograron lo que se esperaba de ellos. La FIFA lo hubiese planeado de esta forma. En realidad, lo planeó. Si Francia y España salían primeros en sus grupos y luego ganaban lo que les tocaba, debía suceder lo que sucedió. Europa tiene su semifinal ideal. Del otro lado, Brasil impidió que Sudamérica tenga la suya. Pero queda uno en pie. Y también podría tener una semi de rivalidad. Para eso Inglaterra tendría que ganarle a Noruega y, en segundo turno, debería pasar el seleccionado al que como siempre acompañará una multitud. Argentina busca su tercera semi en cuatro mundiales, sea con lo que le sobra, fútbol, o con lo que nunca le falta, corazón. Para una generación, esta instancia era lo mismo que para los españoles: no hubo ni una semi desde el 90 hasta el 2014. Los tiempos cambiaron. Vaya por lo que merece, selección.