No hay caso.
Es un sufriente. Aprendió a vivir desechando todo lo que le llegara sin mérito previo. La madre le tatuó que debía ser 10 en lo que emprendiera. Los mandatos pesan. Entonces busca imponer su sello, que nada salga de su control, que todo sea a su manera. No puede llegar a un lugar y acomodarse. La selección uruguaya funcionaba (¿funcionaba?) con un manual de relaciones que deshizo. O rehízo desde su forma. Duró lo que dura el entusiasmo inicial. No llegó a ser un enamoramiento.
A Marcelo Bielsa le salió mal lo que le había salido casi siempre bien: la consideración de los jugadores. En el camino tuvo que ceder, pero ya era tarde. Convivió con fuego amigo, también con exjugadores que no estuvieron dispuestos a soltar. Algunas de sus decisiones no fueron inexplicables sino que requirieron demasiadas explicaciones: a veces pensar demasiado puede ser contraproducente. No intuye, el Loco. No deja fluir.
Aun sin la jerarquía individual que alguna vez se le describió, Uruguay debió haber ganado por lo menos uno de los partidos que empató y debió haber empatado el que perdió. Otra vez la injusticia futbolera en una fase de grupos. Otra vez la decisión de un arquero distinto al del ciclo y un equipo apurado, acelerado. Otra vez la mirada perdida, el desconsuelo, ahora a los 70 años. No será justa, en honor a la trayectoria, la sangre que le espera. Otra vez. Con una diferencia: en 2002 no existían las tendencias en las redes. La saña es el condimento de la época. Se recluirá, desgranará lo que sucedió, volverá a pensar. Dejará para la intimidad su, como suele decir, mejor versión; endurecerá su máscara. Otra vez.
Francia no domina a los rivales, simplemente los pasa por encima. Fue una desconsideración decir, cuando Cristiano hizo dos goles, que era el único que le faltaba al Mundial de figuras. Ousmane Dembélé, el zurdo que le pega mejor con la derecha, merece su lugar en ese grupo. Noruega prefirió llegar descansado a enfrentar a Costa de Marfil y probablemente a Brasil en octavos que desgastarse y esperar a un tercero. Senegal festejó 5 goles a la tarde y la clasificación a la noche. Irak comenzó las Eliminatorias en noviembre de 2023 y las terminó en marzo de 2026; en el Mundial le convirtieron 12 goles y ya.
En los últimos 10 minutos, Egipto fue primero, tercero y como terminó: segundo. Nueva Zelanda demostró que puede sobrar un clasificado de un continente que sólo clasifica a un equipo. Bélgica, que se pareció a la del 2018, la goleó 5-1. Trossard amplió su racha del Arsenal. Cuando entra, Lukaku no pasa un minuto sin gritar un gol. Está en el horizonte de Argentina. Pero con todo lo que esperamos el Mundial, ¿para qué nos apuramos para saltear etapas que después extrañaremos?